Desde enero pasado y hasta marzo próximo se podrá conocer en el Pasaje de la Revolución el trabajo de ese escultor.
Los árboles guardan en sus cuerpos formas y figuras que están ocultas
para los humanos. Estas salen a la luz cuando esos ejemplares pierden ramas o son
derribados y sus maderos caen en manos
de Felipe Juárez Silva, un jubilado que hace diez años descubrió fortuitamente
su inclinación hacia la escultura.
El año pasado en este Blog presentamos parte del trabajo de Juárez Silva
e informamos de la forma como se inició en la escultura de madera. Después del
paso del huracán Gilberto recorrió su pueblo para ver la devastación dejada por
ese meteoro.
A partir de esa experiencia decidió
moldear otras piezas que la casualidad pusiera en su camino. Diez años después
de su primer trabajo se convirtió en escultor, ahora destina su tiempo libre de
jubilado a realizar sus tareas.
En sus trabajos utiliza piezas de cedro, mora, jabín y zapote, todas ellas de distintos tamaños. Una vez que termina cada escultura las barniza para darles brillo y mejor apariencia.
En sus trabajos utiliza piezas de cedro, mora, jabín y zapote, todas ellas de distintos tamaños. Una vez que termina cada escultura las barniza para darles brillo y mejor apariencia.
Actualmente el profesor jubilado
exhibe 25 de esas piezas en el Pasaje de la Revolución. Esa muestra es parte de
las exposiciones que durante enero, febrero y marzo programó el Museo de Arte
Contemporáneo Ateneo de Yucatán (Macay), el cual ahora lleva el nombre del
pintor yucateco Fernando García Ponce.
Al parecer, es la primera vez en que
hay tantas piezas de una colección en ese pasaje, el cual es un sitio apreciado
para la exposición de obras artísticas debido a la cantidad de personas que
transitan por ahí. Esto permite que un mayor número de personas tenga
contacto con las creaciones salidas de manos de los artistas locales. (Mérida
Cultura).
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